El Valle y el Volcán 2

El Valle y el Volcán

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el valle y el volcán

El Valle y el Volcán

María Elena Walsh, letra música e interpretación, entrar aquí

Para correr hacia el mar vistiéndonos de sol, para tener y prestar niñez del corazón. Para jugar a inventar el mundo en una flor somos dos, somos dos. La eternidad es hoy, la eternidad para cantar y derrotar al tiempo. Para cruzar sin temor el valle y el volcán somos dos, somos dos, enamorándonos viviendo sin después ni adiós, ni olvido. Para pedirle al dolor que ya no vuelva más somos dos, somos dos, ilusionándonos por una pequeñez, un color quizá perdido.

María Elena Walsh nació el 1 de febrero de 1930 en Ramos Mejía, ciudad de
Buenos Aires, Argentina.
Un año antes de finalizar sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas
Artes publicó su primer libro (en 1947), “Otoño imperdonable”, que recibió
el segundo premio Municipal de Poesía
En Francia, junto con Leda Valladares formaron en los años ’50 el dúo “Leda
y María” y actuaron en varias ciudades como intérpretes de música folclórica
argentina recibiendo varios premios
Por esa época comenzó a escribir versos para niños. Sus canciones y textos
infantiles trascendieron lo didáctico y lo tradicional: generación tras
generación sus temas son cantados por miles de niños argentinos.
En los años ’60 publicó, entre otros, los libros “El reino del revés”,
“Cuentopos ”

En 1958 María Herminia Avellaneda le había ofrecido a Walsh escribir guiones de televisión para programas infantiles, que fueron interpretados por actores muy conocidos como Pinky u Osvaldo Pacheco, con mucho éxito. Esa experiencia la hizo madurar la posibiliad de crear un género similar a un “cabaret para chicos” o un “varieté infantil”, que revolucionaría el mundo del espectáculo, el folklore y la música infantil.2
En 1960 Leda y María mostraron un notable viraje en su estilo al grabar el EP Canciones de Tutú Marambá, en la que cantan canciones infantiles que Walsh había escrito para los guiones que estaba escribiendo para la televisión. Allí se incluyen las primeras cuatro canciones que harían famosa a María Elena Walsh en la música infantil: “La vaca estudiosa”, “Canción del pescador”, “El Reino del Revés” y “Canción de Titina”.
De ese modo nació la idea de hacer un espectáculo musical-dramático para niños que se llamó Canciones para mirar, que -con un presupuesto muy reducido-, el dúo puso en escena en la Sala Casacuberta del Teatro Municipal General San Martín de Buenos Aires, en 1962.
La obra estaba compuesta a partir de doce canciones de Walsh, que cantaban Leda y María vestidas como juglares, mientras los actores Alberto Fernández de Rosa y Laura Saniez las representaban mímicamente: “La familia Polillal”, “El Reino del Revés”, “Milonga del hornero”, “La vaca estudiosa”, “La Pájara Pinta”, “Canción del estornudo”, “La mona Jacinta”, “Canción del jardinero”, “Canción de la vacuna”, “Canción de Titina”, “Canción para vestirse” y “Canción del pescador”. En los intervalos entre canciones, dos personajes, Agapito y la Señora de Morón Danga, decían monólogos cómicos, una estructura dramática que Leda y María habían tomado del Crazy Horse, combinándola con el humor, los ritmos tradicionales, el desenfado y el público infantil.2 Inesperadamente, el espectáculo tuvo un enorme éxito, impulsando la preparación de un nuevo show para 1963.
Doña Disparate y Bambuco fue la última presentación de Leda y María. El nuevo espectáculo contó con un presupuesto mucho mayor, siendo dirigido por María Herminia Avellaneda, y actuando como protagonistas Lydia Lamaison (Disparate) y Osvaldo Pacheco (Bambuco), así como Teresa Blasco y Pepe Soriano, interpretando varios papeles de personajes secundarios y estrambóticos. En esta obra aparecen el Mono Liso, y sobre todoManuelita, el personaje más paradigmático y conocido del universo infantil creado por María Helena Walsh. La obra tenía una similitud con el clima onírico de Alicia en el país de las maravillas.2
El crítico Leopoldo Brizuela ha dicho que:
Según las entrevistas de entonces, Walsh concibió a Doña Disparate como la encarnación paródica del sentido común, mientras que Bambuco es la “personificación de la infancia”. Pero, más profundamente, ambas representan las dos personalidades de Walsh: la rigurosa, romántica y un poco demasiado retórica de Otoño imperdonable , y la niña, popular, y un poco demasiado fresca de Tutú Marambá . Las dos salen a batirse a duelo, nunca se vencen la una a la otra y siempre renacen en la cada vez más luminosa hoguera del humor, en la valiente ordalía de crear.

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