Zu Bethlehem geboren letra de Navidad

Zu Bethlehem geboren

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Zu Bethlehem geboren

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Text aus dem Jahre 1638 Zu Bethlehem geboren ist uns ein Kindelein,
Das hab ich auserkoren, sein eigen will ich sein.
Eja, eja, sein eigen will ich sein.
In seine Lieb versenken will ich mich ganz hinab,
mein Herz will ich ihm schenken und alles, was ich hab.
Eja, eja, und alles was ich hab. O Kindelein,
von Herzen dich dich will ich lieben sehr,
in Freuden und in Schmerzen, je länger mehr und mehr.
Eja, eja, je länger mehr und mehr. Dazu dein Gnad mir gebe,
bitt ich aus Herzensgrund, daß ich allein dir
lebe, jetzt und zu aller Stund. Eja, eja, jetzt
und zu aller Stund. Dich, wahren Gott, ich finde in unserm
Fleisch und Blut; darum ich mich dann binde an dich mein höchstes Gut,
eie, eia, an dich, mein höchstes Gut.
Laß mich von dir nicht scheiden, knüpf zu,
knüpf zu das Band der Liebe zwischen beiden; nimm
hin mein Herz zum Pfand, eia, eia, nimm hin mein Herz zum Pfand!.
European Christmas deutschland música   Música de Navidad

Hace mucho, mucho tiempo, vivía en un país mágico un humilde zapatero, tan pobre,

que llegó un día en que sólo pudo reunir el dinero suficiente

para comprar la piel necesaria para hacer un par de zapatos.

– No sé qué va a ser de nosotros – decía a su mujer-,

si no encuentro un buen comprador o cambia nuestra suerte.

Ni siquiera podremos conseguir comida un día más.

Cortó y preparó el cuero que había comprado con la intención de terminar

su trabajo al día siguiente, pues estaba ya muy cansado.

Después de una noche tranquila llegó el día, y el zapatero se dispuso a comenzar

su jornada laboral cuando descubrió sobre la mesa de trabajo dos preciosos zapatos terminados.

Estaban cosidos con tanto esmero, con puntadas tan perfectas,

que el pobre hombre no podía dar crédito a sus ojos.

Tan bonitos eran, que apenas los vio un caminante a través del escaparate,

pagó más de su precio real por comprarlos.

El zapatero no cabía en sí de gozo, y fue a contárselo a su mujer:

– Con este dinero, podré comprar cuero suficiente para hacer dos pares.

Como el día anterior, cortó los patrones y los dejó

preparados para terminar el trabajo al día siguiente.

De nuevo se repitió el prodigio, y por la mañana había cuatro zapatos,

cosidos y terminados, sobre su banco de trabajo.

También esta vez hubo clientes dispuestos a pagar grandes sumas por un trabajo

tan excelente y unos zapatos tan exquisitos.

Otra noche y otra más, siempre ocurría lo mismo:

todo el cuero cortado que el zapatero dejaba en su taller,

aparecía convertido en precioso calzado al día siguiente.

Pasó el tiempo, la calidad de los zapatos del zapatero se hizo famosa,

y nunca le faltaban clientes en su tienda, ni monedas en su caja,

ni comida en su mesa. Ya se acercaba la Navidad, cuando comentó a su mujer:

 – ¿Qué te parece si nos escondemos esta noche para averiguar quién nos está ayudando de esta manera?

A ella le pareció buena la idea y esperaron agazapados detrás de un mueble a que llegara alguien.

Daban doce campanadas en el reloj cuando dos pequeños duendes desnudos aparecieron de la nada y,

trepando por las patas de la mesa, alcanzaron su superficie y

 se pusieron a coser.

La aguja corría y el hilo volaba y en un santiamén terminaron

todo el trabajo que el hombre había dejado preparado.

De un salto desaparecieron y dejaron al zapatero y a su mujer estupefactos.

– ¿Te has fijado en que estos pequeños hombrecillos que vinieron estaban desnudos?

Podríamos confeccionarles pequeñas ropitas para que no tengan frío.

– Indicó al zapatero su mujer.

Él coincidió con su mujer, dejaron colocadas las prendas sobre la mesa

en lugar de los patrones de cuero, y por la noche

se apostaron tras el mueble para ver cómo reaccionarían los duendes.

Dieron las doce campanadas y aparecieron los duendecillos.

Al saltar sobre la mesa parecieron asombrados al ver los trajes, mas,

cuando comprobaron que eran de su talla, se vistieron y cantaron:

 – ¿No somos ya dos mozos guapos y elegantes?

 ¿Por qué seguir de zapateros como antes?

Y tal como habían venido, se fueron. Saltando y dando brincos, desaparecieron.

El zapatero y su mujer se sintieron complacidos al ver a los duendes felices.

Y a pesar de que como habían anunciado, no volvieron más, nunca les olvidaron,

puesto que jamás faltaron trabajo, comida, ni cosa alguna en la casa del zapatero remendón.

 

Silvita

Diseñadora, Casada, dedico mi sitio a preservar el Arte y la Cultura Infantil, A la memoria de mi sobrina Laura Ambrosio Battistel. Material uso escolar y docente

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