Madre poema Fernando Botero Bentancur
Madre, desde la lejanía de tu gloria
me llegan con frecuencia bendiciones,
e infantiles fragmentos de oraciones
que suavizan la piel de la memoria.
Madre, desde la lejanía de tu gloria
me llegan con frecuencia bendiciones,
e infantiles fragmentos de oraciones
que suavizan la piel de la memoria.
Y hay tal valor en tu actitud sumisa
tal ilusión en tu palabra lenta,
y tanta austeridad en tu sonrisa.
Es la madre, la santa, la bendita,
la que al pie de la cuna nos musita
una dulce oración;
la que todo lo aporta por su niño,
la que nos llena de inmortal cariño
y nos da el corazón.
A ti mujer de años luz,
a ti mujer de años mil.
Tu luz, tu sombra, tu esfuerzo, tu paciencia.
Años luz colmadas de inocencia, tierra
Pues, sé que son las madres,
amor de los amores,
los ángeles custodios
y el corazón de Dios.
Cuando los ojos a la vida abría,
al comenzar mi terrenal carrera,
la hermosa luz que vi por vez primera
fue la luz de tus ojos, ¡madre mía!.
El Sol no tiene bolsillos,
la Luna no tiene mar.
Por qué en un mundo tan grande
habrá tan poco lugar.
En el país de Nomeacuerdo doy tres pasitos y me pierdo. Un pasito para aquí, no recuerdo si lo di.
admiro tus batallas, madre mía;
como silueta dibujada en el océano azul
con la presencia inconfundible de la luz.
Al este y al oeste,
Llueve y lloverá
Una flor y otra flor celeste
Del jacarandá
Una flor y otra flor celeste
Del jacarandá