El Dios triste
Mirando la alameda de otoño lacerada,
la alameda profunda de vejez amarilla,
como cuando camino por la hierba segada
busco el rostro de Dios y palpo su mejilla
Mirando la alameda de otoño lacerada,
la alameda profunda de vejez amarilla,
como cuando camino por la hierba segada
busco el rostro de Dios y palpo su mejilla
Echa atrás la cara, hijo
y recibe las estrellas.
A la primera mirada,
todas te punzan y hielan,
y después el cielo mece
como cuna que balancean,
y tú te das perdidamente
como cosa que llevan y llevan...
Tanta dulzura alcánzame tu mano
que pienso si las frutas te engendraron,
si abejas con su miel te amamantaron
y si eres nieto excelso del verano.
Tanta dulzura no es de rango humano:
los dioses tus pañales perfumaron,
El espino prende a una roca
su enloquecida contorsión,
y es el espíritu del yermo,
retorcido de angustia y sol.
Creo en mi corazón, ramo de aromas
que mi Señor como una fronda agita,
perfumando de amor toda la vida
y haciéndola bendita
Niña que en la arena te encontré llorando,
con un llanto blando, tu primer amor,
orgullo de niña que se hallaba herido,
tal vez un motivo, que nunca existió
Si nacieras Mi Niño aquí en Guaynabo...Si tu Anuncio trajeran los cucubanos
Si nacieras Mi Niño entre las guajanas ¡qué mecida tan suave flor te acunara!
Si en presagio de aroma las sicilianas crecieron todas juntas donde nacieras
a la vera
Llorar a lágrima viva, poema Oliverio Girondo Llorar a lágrima viva. Llorar a chorros. llorar la digestión. Llorar el sueño. Llorar ante las puertas y los puertos. Llorar de amabilidad y de amarillo. Abrir las canillas, las compuertas del llanto.…
Para y óyeme ¡oh Sol! Yo te saludo
y extático ante tí me atrevo a hablarte.
ardiente como tú mi fantasía,
arrebatada en ansia de admirarte,
intrépidas a ti sus alas guía
A recorrer me dediqué esta tarde
las solitarias calles de mi aldea
acompañado por el buen crepúsculo
que es el único amigo que me queda