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Buena Noches NIÑO CHIQUITO  A Fernanda de Castro.


Absurdo de la noche,
burlador mío,
si-es no-es de este mundo,
niño dormido.

Aliento angosto y ancho
que oigo y no miro,
almeja de la noche
que llamo hijo.

Filo de lindo vuelo, filo de silbo,
filo de larga estrella,
niño dormido.

A cada hora que duermes,
más ligerito.
Pasada medianoche,
ya apenas niño.

Espesa losa, vigas
pesadas, lino
áspero, canto duro,
sobre mi hijo.

Aire insensato, estrellas
hirvientes, río
terco, porfiado búho,
sobre mi hijo.

En la noche tan grande,
tan poco niño, tan poca prueba y seña,
tan poco signo.

Vergüenza tanta noche
y tanto río, y «tanta madre tuya»,*
niño dormido…

Achicarse la Tierra
con sus caminos,
aguzarse la esfera
tocando un niño.

¡Mudársete la noche
en lo divino,
yo en urna de tu sueño,
hijo dormido!

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Cuento para dormir pequeños:

El monstruo escondido en el armario

Había una vez un niño llamado Andrés

que era bastante normal y alegre.

Un día sus padres se tuvieron que

mudar de la ciudad donde vivían

y Andrés tuvo que dejar atrás a

todos sus amigos. Y así fue como

llegó a un colegio nuevo, donde no

conocía a ningún otro niño.

La casa era más bonita que la anterior

y la habitación mucho más amplia,

con un enorme armario que ocupaba

toda una pared. Al niño

no le molestaba su nueva vida,

excepto por un detalle: algo vivía

en el interior de aquel armario.

Andrés se pasaba las noches en vela

imaginando la forma del monstruo

que se había alojado en su habitación.

Nunca lo había visto, pero se imaginaba

que era enorme y atemorizante.

Hasta un día en que se llenó de valor

e intentó tomarlo de sorpresa, y

allí estaba, una enorme bola

peluda que no parecía peligrosa.

A pesar de que Andrés ya no temía

al monstruo que vivía en su armario,

sí le mortificaba bastante que todas

las noches lo despertara con gritos y

chillidos para jugar. Luego de la mala

noche se quedaba dormido en el

colegio y la profesora lo regañaba,

cosa que no le gustaba.

Pasaron las semanas y el niño no le contó

nada a sus padres, era el único amigo

que tenía y no quería perderlo.

Una noche en la que su madre se

levantó para ver si dormía tranquilamente,

lo encontró sentado frente al armario

con todos sus juguetes en el suelo.

La madre sorprendida se quedó mirando

fijamente el armario y Andrés temeroso

esperó su reacción.

De repente la madre le dijo:

-“¿No me vas a presentar a tu nuevo amigo?”

Y a pesar de que no veía nada dentro

del armario, comenzó a hablar con el interior.

El niño le preguntó con extrañeza a su madre:

-“¿No te molesta que viva en mi armario mamá?”

A lo que ella dulcemente le contestó:

-“No mi vida, si vive ahí es por un buen motivo.

Seguro quiere estar cerca de ti y hacerte compañía”.

El niño miró a su madre con asombro,

no imaginó que iba a ser tan comprensiva

pero se sintió feliz como hacía tiempo

no se sentía. Con el paso del tiempo

Andrés hizo nuevos amigos en el colegio

y un buen día el monstruo decidió marcharse.

Andrés ya no lo necesitaba a su lado, prefería

compartirlo con otros niños, pero siempre

tendría un lugar especial en su corazón.

Silvita

Diseñadora, Casada, dedico mi sitio a preservar el Arte y la Cultura Infantil, A la memoria de mi sobrina Laura Ambrosio Battistel. Material uso escolar y docente

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