El bacán sesentón piantó pal «shopping»
y compró pa’ su vieja un buen regalo.
Lo garpó muy campante porque al toque,
firmó con su «Mont Blanc» un checonato.
Pensó un saludo pa’ fletar de raje
directo al corazón, el de su madre,
Mi madre no sabe que por la noche,
cuando ella mira mi cuerpo dormido
y sonríe feliz sintiéndome a su lado,
mi alma sale de mí, se va de viaje
guiada por elefantes blanquirrojos,
y toda la tierra queda abandonada,
Mujer: en un silencio que me sabrá a ternura,
durante nueve lunas crecerá tu cintura;
y en el mes de la siega tendrás color de espiga,
vestirás simplemente y andarás con fatiga.