Era un a noche lluviosa, una gran tempestad comenzaba a rugir y los truenos sonaban muy fuerte y en una casa y una cama yacía Tomás un niño asustadizo que trataba de dormir, pero al sentir los ruidos tan fuertes el miedo se apoderaba de él
La devoción al Divino Niño es providencial, es luz para un mundo que desprecia la vida humana y en que tantos niños son abortados o abandonados. ¡Cuánto glorifica a Dios que reconozcamos que El nos envió a Su único Hijo!.